Del escenario al templo: idols y monjes

viernes, 28 de agosto de 2026

En Tailandia, cuando un actor o un cantante de T-pop llega a un punto alto de su carrera, no es raro que haga una pausa, se rape las cejas y el cabello, vista una túnica naranja y pase unos días o semanas dentro de un templo budista. La escena se repite con tanta frecuencia que ya forma parte del paisaje mediático del país: no es un retiro definitivo ni una crisis personal, sino la ordenación monástica temporal, una costumbre que combina gratitud familiar, maduración personal y tradición social.

Si seguís la industria del entretenimiento en Tailandia, seguro viste la noticia más de una vez: un actor o un cantante de Tpop en pleno pico de fama pausa su trabajo, se rapa las cejas y el pelo, se pone túnicas naranjas y entra a un templo durante unos días o semanas.

Lejos de ser un retiro definitivo de las pantallas y de los escenarios, la ordenación monástica temporal es una tradición cultural profundamente arraigada que combina respeto familiar, crecimiento personal y costumbre social.

Las claves para entender esta tradición

Un regalo de «mérito» para los padres (Bun)

En la cultura tailandesa, la ordenación de un hijo varón al cumplir los 20 años es el mayor acto de gratitud hacia su familia, especialmente hacia la madre. Se cree que la energía positiva y el mérito espiritual (bun) generado durante su tiempo en el templo se transfiere directamente a sus padres.

Un paso hacia la madurez

Socialmente, a un hombre que ha pasado por el templo se le considera una persona «madura» o lista para afrontar la vida adulta, formar una familia y tomar decisiones importantes con serenidad.

Procesos breves e intensos

No se trata de un compromiso de por vida. La mayoría de las celebridades se ordenan durante un período corto (desde una semana hasta un mes) aprovechando pausas en sus agendas de filmación o eventos.

Desconexión del ego y el estrellato

Durante su estadía en el templo, los idols siguen la misma rutina que cualquier otro monje: se levantan al amanecer, caminan descalzos para recibir ofrendas y meditan.

Para una celebridad que vive expuesta a las redes, las críticas, las cámaras y el ritmo acelerado del entretenimiento, entrar al templo es un detox absoluto.

Tienen que entregar su celular, raparse (lo que elimina la vanidad y la preocupación por la imagen exterior) y vivir con solo un par de túnicas.

Cerrar etapas y soltar la mala suerte

Cuando un artista o una persona común siente que tuvo un año difícil, sufrió un accidente o enfrentó momentos de mucho estrés, ordenarse funciona como una pausa para dejar atrás esa energía negativa. Es una forma simbólica de cortar con lo malo y arrancar «de cero».

Más allá de la tradición familiar, para muchos artistas la ordenación funciona como un auténtico ‘reinicio’ mental y espiritual: una forma de soltar el estrés, purificar el karma tras momentos difíciles y desconectarse de la vanidad de la fama.

Ver a una celebridad con la túnica no genera sorpresa en el público local; por el contrario, genera un enorme respeto entre sus fans y colegas, quienes suelen acompañar al artista en la ceremonia previa para desearle buenos augurios.

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