La historia de Choi Eun-hee y Shin Sang-ok: secuestrados para crear películas

martes, 10 de febrero de 2026

A fines de los años 70, dos de los más importantes referentes del cine de Corea del Sur fueron secuestrados por el régimen autoritario de Corea del Norte, país en el que permanecerían en contra de su voluntad por ocho largos años. La historia de cómo este hecho cambió sus vidas y reformó la industria del cine norcoreano.

Corría la década de los 60, y la actriz Choi Eun-hee estaba en la cima de su popularidad. Cada película que protagonizaba se convertía en un éxito en Corea del Sur, sobre todo aquellas donde quien estaba detrás de cámara era su exesposo, Shin Sang-ok, uno de los directores insignia del cine surcoreano de ese momento.

Foto familiar de Choi, Shin y sus hijos adoptivos, quienes permanecieron en Corea del Sur durante toda la extensión del secuestro de sus padres. [JoongAng Ilbo]

Por ese entonces, un joven Kim Jong-Il (padre del actual dirigente de Corea del Norte, Kim Jong-Ul) estaba al frente del Departamento de Propaganda. Años después pasaría a dirigir la División de Artes y Cinematografía, puesto que no sólo ocupó por ser hijo de Kim Il Sung (líder del país en ese momento) sino porque Kim Jong-Il era un ávido consumidor de cine, y declarado fan de películas como Rambo y James Bond, y de actrices como Elizabeth Taylor.

Kim Jong-Il (en el centro) junto a Choi Eun-hee y Shin Sang-ok.

Kim Jong-Il estaba convencido de que fomentar el cine propagandístico ayudaría a fortalecer y consolidar el poderío de su padre tanto a nivel nacional como internacional. Para eso, necesitaba contar con artistas talentosos y carismáticos, además de recursos económicos.

Con ese plan en mente, Kim Jong-Il ordenó el secuestro de Choi Eun-hee (Madame Choi) y de Shin Sang-ok, a quienes obligaría a producir películas ideologizadas durante ocho años.

El secuestro de Choi Eun-hee

En 1978, la actriz recibió una supuesta oferta laboral en Hong Kong. Para Choi, que comenzaba a notar una baja en su popularidad, la propuesta resultó muy interesante: además de protagonizar una película en aquella ciudad, podría dirigir una academia de actuación y entrenar a una nueva generación de actores. 

Como si de una película de terror se tratase, la oferta no sólo resultó ser falsa, sino que derivó en el secuestro de Choi. La estrella de cine fue sedada y raptada en Repulse Bay y de allí trasladada en barco hasta Pyongyang. Una vez en la capital norcoreana, Choi fue recibida por Kim Jong-Il, quien la llevó a obras de teatro, a la ópera, a ver películas, musicales e incluso a diversos festivales para que la actriz se “empapase” de la cultura que de ahí en adelante debía representar. 

Kim Jong-Il “le da la bienvenida” a Choi Eun-hee en el puerto de Nampo en Corea del Norte.

Choi estuvo prisionera en una residencia lujosa y espaciosa, pero era vigilada las 24 horas y no podía salir de allí sin permiso ni compañía. La actriz supo luego que su desaparición fue utilizada como cebo para capturar a su exeposo, Shin Sang-ok.

El secuestro de Shin Sang-ok

El director de cine llevaba ya varios años separado de Choi, e incluso ya había formado una nueva familia. A pesar de ello, Shin decidió emprender la búsqueda de Choi, cuya desaparición desconcertaba a las autoridades.

Shin desoyó las advertencias de la policía y, seis meses después del secuestro de Choi, decidió viajar a Hong Kong siguiendo una pista acerca del paradero de la actriz. Ahí, al llegar también a Repulse Bay, el director de cine fue secuestrado y trasladado a Pyongyang.

A diferencia de Choi, Shin se negó a trabajar para Kim Jong-Il e incluso intentó escapar varias veces de la mansión en la cual lo mantenían cautivo. Debido a esto, pasó tres años en un campo penitenciarios hasta que se quebró y aceptó participar en los proyectos de la División de Artes y Cinematografía norcoreana.

El cine norcoreano: propaganda y revisionismo

La pareja de artistas pronto perdió la esperanza de ser rescatados por el gobierno surcoreano. Aunque ellos no lo sabían, la noticia de su secuestro no había sido publicada por ningún medio de comunicación en Corea del Sur, ya que el gobierno dictatorial de Park Chung-hee no permitió que la información se filtrase. Así, tanto Choi como Shin fueron sujeto de diversos y crueles rumores en su país natal, y para la población surcoreana se convirtieron pronto en traidores y simpatizantes del régimen norcoreano.

En 1983, tras varios años de cautiverio en separado e ignorando la realidad del otro, Choi y Shin se reencontraron en una fiesta organizada por el gobierno de Corea del Norte. Ambos asistieron como “huéspedes de honor del Líder Supremo” (Kim Il Sung).

La reunión se desarrolló bajo la atenta vigilancia de Kim Jong-Il, quien aprovechó la ocasión para explicarles cuál era su plan en relación al futuro de la industria cinematográfica norcoreana.

En dos años y medio, Choi Eun-Hee y Shin Sang-ok produjeron diecisiete películas, incluyendo títulos como “An Emissary of No Return”, “Love, Love, My Love”, “Runaway” y “Breakwater”.

La más curiosa es quizás ‘Pulgasari’, la versión comunista de Godzilla que buscaba mostrar el poder de la revolución. Para crear esta versión, Kim recurrió al mismo equipo técnico japonés especializado que había participado del film original, incluido Kenpachiro Satsuma, el actor del traje de Godzilla.

Pulgasari fue la versión norcoreana de Godzilla, el icónico Kaijū japonés. 

Kim Jong-Il estuvo presente en la realización de cada una de las películas que Choi y Shin grabaron juntos, ya que era quien aprobaba o desaprobaba hasta los mínimos detalles de cada película. Lo que más le importaba a Kim era asegurarse que todos los films creados por la pareja de artistas pudieran enmarcarse en la ideología “Juche”, el dogma oficial del régimen norcoreano, una aleación de nacionalismo y marxismo, e instruidos en un omnipresente culto a la personalidad del líder.

De a poco, se cree que Shin y Choi fueron ganándose la confianza del gobierno norcoreano, el cual les permitió viajar a distintos países de Europa del Este a presentar las películas que mostraban a Corea del Norte como un lugar ideal, en diversas conferencias de prensa y funciones especiales.

Por supuesto, nunca se les autorizó a viajar más allá de la “Cortina de Hierro”. O al menos así fue hasta que el propio Kim Jong-Il, envalentonado por el “éxito” que las películas de Shin y Choi tenían, autorizó a la pareja a viajar a determinados países por fuera del bloque socialista.

Aunque en esos viajes la pareja de artistas era acompañada de un gran número de custodios, la posibilidad de huir llegó en Viena, Austria.

Un escape de película

En 1986, Kim Jong-Il autorizó a la pareja a asistir a la presentación de “Pulgasari”. Al llegar al hotel Intercontinental de Viena, los representantes del gobierno norcoreano descubrieron que, por un error administrativo, no habían reservado una suite especial para que Choi y Shin se hospedaran en la misma habitación que sus custodios.

Fue allí donde, con la ayuda de un periodista japonés perteneciente a Kyodo News, el director de cine y la actriz logran llegar en taxi hasta la embajada de Estados Unidos en la capital austríaca. Allí pidieron asilo y consiguieron emigrar hacia Estados Unidos para luego regresar a Corea del Sur.

Choi y Shin regresaron a Corea del Sur por primera vez pasados 11 años de su secuestro [The Korea Herald]

El gobierno de Corea del Norte recibió la noticia de la huida como un gran golpe a su orgullo. De inmediato, en un comunicado, las autoridades norcoreanas acusaron a Estados Unidos de “secuestrar” a Choi Eun-hee y a Shin Sang-ok con la asistencia de sus “títeres” con base en Seúl. 

Más adelante, contradecirían su propia versión y afirmarían que la pareja recibió un “importante soborno” que los convenció de desertar y abandonar sus deberes para con el régimen.

Choi y Shin volvieron a casarse, y vivieron en Estados Unidos por diez años. Luego de regresar a Corea del Sur, ambos permanecieron en su país natal hasta el día de sus respectivos fallecimientos: Shin murió en 2006, y Choi lo hizo en 2018.

Luego de su fuga, las autoridades de Corea del Norte prohibieron la exhibición y distribución de todas las películas creadas por la actriz y el director. Incluso en Pulgasari, los nombres de ambos artistas fueron borrados de los créditos: por muchos años, sólo circularon versiones piratas o no oficiales de los films de Choi y Shin.

Hoy, muchas de estas obras son consideradas de culto.

Este particular y traumático episodio en la historia del cine no sólo demuestra los extremos a los que puede llegar una ideología política, sino que develó las internas del régimen norcoreano. Choi presentó ante un grupo de agentes de la CIA las grabaciones ocultas de sus conversaciones con Kim Jong-Il, lo que permitió conocer más acerca del funcionamiento del sistema dictatorial en el que Corea del Norte estaba sumida.

Aunque el caso de Choi Eun-hee y Shin Sang-ok es uno de los más difundidos, a lo largo de la historia el gobierno de Corea del Norte ha admitido que ha secuestrado y llevado a campos de concentración a una cantidad no establecida de surcoreanos y japoneses, sobre todo durante de la década de 1970 y 1980, en el contexto de la Guerra Fría.

FUENTES: BBC; Espinof; The Korean Herald; Infobae. 

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