Universidades de Corea rechazan aspirantes por bullying escolar

En Corea del Sur, obtener calificaciones perfectas dejó de ser suficiente. Durante 2025, varias universidades de prestigio comenzaron a rechazar aspirantes con antecedentes de violencia escolar, incluso cuando sus puntajes eran sobresalientes. El cambio abrió un debate nacional sobre responsabilidad, justicia educativa y el impacto que dejan las acciones cometidas durante la adolescencia.
Cuando el pasado vuelve en la universidad
Durante décadas, el acceso a la universidad se definió por el rendimiento académico y el temido examen nacional CSAT, que paraliza ciudades enteras durante su aplicación. Sin embargo, en los últimos meses emergió una tendencia inesperada: instituciones que examinan no solo logros académicos, sino también conductas previas.
Según informó la diputada Kang Kyung-sook en la Asamblea Nacional, seis de las diez universidades nacionales más importantes rechazaron a 45 postulantes debido a registros de violencia escolar en el ciclo de admisión 2025. Entre ellas, la Seoul National University negó el ingreso a dos aspirantes con puntajes excepcionales. La Kyungpook National University aplicó las sanciones más severas, rechazando a 22 estudiantes mediante un sistema que puede restar hasta 150 puntos en casos de expulsión por bullying.
Un sistema centrado en notas que empieza a cambiar
El ingreso universitario en Corea del Sur suele realizarse por dos vías: la admisión regular basada en el CSAT y la admisión anticipada, que evalúa calificaciones, entrevistas y actividades escolares. Hasta hace poco, los antecedentes disciplinarios tenían un peso marginal y rara vez impedían el ingreso. La lógica predominante sostenía que la universidad debía medir capacidades intelectuales, no comportamientos pasados.
Pero la sociedad coreana cambió su forma de mirar el acoso escolar. De acuerdo con reportes de medios nacionales como JoongAng Daily y The Korea Herald, el bullying dejó de considerarse un “conflicto entre adolescentes” y pasó a verse como una violación a los derechos de las víctimas, con consecuencias emocionales que pueden extenderse hasta la adultez.
La discusión sobre la violencia escolar también creció gracias al impacto cultural de producciones coreanas recientes. Dramas como The Glory, protagonizado por Song Hye-kyo, expusieron con crudeza las dinámicas de abuso, impunidad y trauma que pueden marcar a las víctimas durante toda la vida. Su recepción —tanto en Corea como a nivel internacional— acercó a la conversación pública testimonios reales y debates sobre cómo el sistema educativo había fallado en proteger a estudiantes que sufrieron agresiones graves. Aunque se trata de una obra de ficción, su repercusión ayudó a que el bullying dejara de verse como un problema menor y comenzara a ser considerado un asunto social urgente.
Cómo se registra ahora la violencia escolar
En Corea del Sur, los incidentes de violencia escolar se clasifican en una escala del Nivel 1 al Nivel 9. Las faltas graves —a partir del Nivel 6— quedan registradas de forma permanente y pueden influir tanto en el ingreso universitario como en futuras oportunidades laborales, especialmente en empleos públicos. Este cambio responde a la creciente demanda social de que el sistema educativo reconozca el daño sufrido por las víctimas y responsabilice a quienes ejercieron violencia.
El endurecimiento de la política generó un aumento de litigios entre familias y escuelas. Directivos de instituciones educativas señalaron que creció el número de estudiantes que buscan asistencia legal para limpiar su récord disciplinario antes de finalizar el ciclo escolar. Según fuentes académicas citadas por The Straits Times, varios docentes reportaron presiones y disputas internas vinculadas a estos procedimientos.
Un debate que va más allá de la educación
Expertos en políticas educativas advierten que esta medida coloca a las universidades en un rol más cercano al de “guardianes éticos” de la sociedad. De acuerdo con especialistas consultados por Times Higher Education, el cambio plantea desafíos sobre criterios de equidad, proporcionalidad y la tensión entre castigo y reintegración.
Aun así, el nuevo enfoque parece ganar apoyo social. Para gran parte de la ciudadanía, responsabilizar a quienes ejercieron violencia es un paso necesario hacia una educación más empática. En un país donde la universidad sigue siendo un ascenso social clave, se instala una pregunta que antes no tenía tanto peso: ¿Qué tipo de persona queremos que acceda a ese futuro?
Foto: Reuters

Soy bibliotecóloga y profesora de educación física, bookfluencer y creadora de contenido. Amo leer, ver anime y series japonesas y coreanas. Este espacio es mi forma de compartir con otros todo lo que me entusiasma y me inspira.