Yayoi Kusama: la icónica artista japonesa de los lunares falleció a los 97 años

jueves, 27 de agosto de 2026

La artista japonesa de vanguardia Yayoi Kusama falleció a los 97 años el pasado 14 de agosto en un hospital de Tokio a causa de una falla multiorgánica derivada de una hemorragia cerebral, según confirmó la Fundación Yayoi Kusama este jueves 27 de agosto.

La noticia marca el cierre de una trayectoria de más de siete décadas en la que transformó los síntomas de su salud mental en un fenómeno estético global. Hasta sus últimos días, Kusama mantuvo la rutina diaria de pintar en su taller contiguo al Hospital Psiquiátrico Seiwa, institución en la que residía de forma voluntaria desde 1977.​

El arte y la vulnerabilidad

Nacida en la ciudad de Matsumoto en 1929, Kusama comenzó a experimentar alucinaciones visuales a los diez años. En sus visiones, los patrones de flores y lunares se multiplicaban hasta cubrir paredes, techos y su propio cuerpo. Para lidiar con el pánico y el entorno familiar hostil de su infancia, comenzó a dibujar compulsivamente todo lo que veía. Tras estudiar nihonga (una técnica tradicional de pintura japonesa basada en pigmentos naturales) en Kioto, decidió mudarse a Nueva York en 1958 para integrarse a la escena de vanguardia internacional.​En Estados Unidos, Kusama desarrolló conceptos revolucionarios como las Infinity Nets (grandes lienzos cubiertos por diminutos arcos repetitivos de pintura) y las esculturas blandas de tela. En 1965 creó su primera Infinity Mirror Room (sala de espejos infinitos), una instalación inmersiva donde el juego de reflectores y luces genera la ilusión de un espacio sin límites. Su propuesta teórica se centró en la «autoobliteración», un concepto que planteaba la disolución de la identidad individual dentro del universo infinito mediante la repetición obsesiva de puntos.

A pesar de su impacto e influencia sobre contemporáneos como Andy Warhol o Claes Oldenburg, las barreras de género y origen de la época postergaron su reconocimiento inmediato en el mercado.​

Cansada de la presión mediática y golpeada por el deterioro de su salud mental, Kusama regresó a Japón en 1973 e ingresó al centro psiquiátrico de Tokio en 1977. Aunque la sociedad conservadora japonesa criticó duramente sus performances desnudas de los años 60, la reevaluación de su obra llegó en la década de 1990. En 1993 representó a Japón de manera individual en la Bienal de Venecia. Más tarde, en 2006, obtuvo el Praemium Imperiale y en 2016 recibió la Orden de la Cultura, la máxima distinción civil otorgada por el Estado japonés. Además, en 2017 abrió las puertas del Museo Yayoi Kusama en el distrito de Shinjuku, en Tokio.​

Su impacto en América Latina

América Latina vivió de cerca el impacto de su trabajo entre 2013 y 2015 mediante la retrospectiva Obsesión Infinita. La exposición, organizada por el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) junto a los curadores Philip Larratt-Smith y Frances Morris, presentó más de cien piezas icónicas de su carrera. En la capital argentina convocó a más de 200.000 personas, convirtiéndose en la segunda muestra más visitada en la historia del museo. La gira continuó con éxito rotundo por Brasil, Chile y México, donde superó los 320.000 visitantes en el Museo Tamayo.​

La Fundación Yayoi Kusama en su comunicado oficial expreso:

«Continuó pintando hasta sus últimos días, sin dejar nunca el pincel, y siguió explorando el amor eterno y el alma eterna»,

La partida de la artista deja un legado imborrable que unió la vulnerabilidad humana con la inmensidad del espacio visual.

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