Ana Kuo, referente de la colectividad chino-argentina “Los argentinos aún no entienden todo lo que China tiene para ofrecer” 

viernes, 5 de diciembre de 2025
Ana Kuo Entrevista

Migrante, docente, intérprete y referente cultural, Ana Kuo construyó puentes entre China y Argentina desde su propia historia. En esta entrevista íntima repasa los desafíos de enseñar chino en un país que aún lo ve con distancia, el rol de la mujer en la colectividad, y la importancia de crear espacios de entendimiento entre culturas. 

Ana Kuo lidera un trabajo decisivo: construir vínculos culturales entre China y Argentina. Como fundadora de la Asociación Cultural Chino Argentina (ACCA), es referente en educación, interpretación y gestión cultural. Además, es una de las organizadoras de Vive Asia, el festival de cultura asiática más importantes del país, que reúne gastronomía, arte, música, stands y propuestas para todo público.

En los últimos años, la relación bilateral entre Argentina y China se fortaleció especialmente en el plano comercial. Según datos del INDEC, solo en septiembre de 2025 el intercambio superó los USD 3.100 millones, posicionando a China como el principal socio comercial de Argentina, por encima de Brasil, la Unión Europea y Estados Unidos. Sin embargo, ese vínculo económico no siempre se traduce en un entendimiento cultural.

¿Cómo ves hoy el vínculo entre Argentina y China? ¿Sentís que estamos realmente más cerca?

Creo que hay mucho interés de ambos lados por acercarse, pero en cuanto a las acciones concretas, China está mucho más activa. Argentina también tiene intención, pero no veo una planificación clara ni una agenda sostenida.

Desde ACCA trabajamos con la Cámara Argentino China de la Producción, la Industria y el Comercio, que hace un gran esfuerzo por mostrar cómo acercarse a China de manera efectiva. Alguien nos dijo una vez: “Nosotros, los argentinos -y yo me incluyo- somos maestros en la improvisación. Todo va a salir bien”. Y sí, yo también siento que va a salir bien… pero principalmente porque China está haciendo su parte con mucha estrategia.

Después de la guerra comercial con Estados Unidos, tuvieron que salir a buscar nuevos mercados con conciencia. La relación con África ya está bastante desarrollada, así que ahora están enfocados en América Latina. Y lo hacen con planificación: distribuyen el estudio de idiomas por zonas, no es que uno elige. A algunos les asignan español, a otros ruso.

Ayer mismo tuvimos una jornada de interpretación con una empresa argentina muy importante. Y cuando ves el encuentro entre las dos partes, el contraste es muy fuerte. Todos quieren comerciar, sí, pero la preparación, la visión y la forma de acercarse son completamente distintas.

¿Pensás que cambió la forma en que los argentinos ven China en estos últimos años?

Cambió muchísimo. Antes uno decía “China” y parecía algo lejano, casi irreal. Era como una imagen flotando en las nubes. Y también estaban esos estereotipos: que todos eran “los chinos del supermercado”, con sus costumbres incomprendidas.

Pero ahora no. Ahora me hablan del auto chino, de la tecnología, de los avances astronómicos. Se habla de China como una potencia. Está claro que ya está instalada en el imaginario colectivo como el próximo líder mundial.

Todavía hay algo de misticismo, porque sigue habiendo desconocimiento, pero también se están rompiendo muchos de esos “mambos” que había antes. China está avanzando, viene con todo, y hay una apertura. Hoy, ir a China ya no es una locura… es una posibilidad real.

¿Eso lo notás más en los que quieren hacer negocios o sentís que la gente común ya tiene ganas de aprender más sobre China porque perdió esos prejuicios?

El sector empresarial es, sin dudas, el más activo en querer acercarse a China. La parte pública… depende mucho del gobierno de turno y de la coyuntura del momento. Pero sí, el empresariado tiene claro que China es el paso.

En cambio, la gente en general todavía no tiene mucha idea. Hay interés, pero no hay una comprensión profunda. A lo sumo dicen “me gusta la comida china”, pero no va mucho más allá.

Ahora, en la parte académica, sí hay otra búsqueda. Ahí se nota que hay interés real por entender a China.

Cómo enseñar chino sin asustar

En un país donde aún se cree que el chino es “imposible”, Ana Kuo propone otro enfoque: enseñar desde la empatía, usar fonética antes que caracteres y construir confianza antes que exigencias. 

Ana Kuo con el equipo de ACCA y representantes de la empresa china Alibaba

¿Quiénes se acercan hoy a aprender chino?

Generalmente son personas que están en empresas “pescando” futuras oportunidades. No saben bien qué puede aparecer, pero si llega, quieren estar más o menos preparados con el idioma, con la forma, con los comportamientos culturales. Hay que entender “laboral” no solo como oficina: puede ser un artista, un emprendedor, alguien que quiere moverse en un entorno donde el idioma y la cultura le den una ventaja.

Yo diría que vienen por voluntad propia desde los 14 o 15 años en adelante, pero el grueso es gente de entre 20 y 40 años. 

El idioma chino es complejo ¿Cómo hacen para que los estudiantes se enganchen y sigan?

Nosotros tratamos de adoptar una metodología distinta. Enseñamos un idioma extranjero desde acá, con una lógica local. Ese es un paso importantísimo en nuestro método: que se hable chino fácilmente.

Fuimos los primeros en animarnos a decir: vamos a enseñar la fonética en alfabeto latino durante el nivel uno y hasta la mitad del nivel dos. Los caracteres están en los libros, pero no los enseñamos explícitamente al principio. 

Nadie se atreve a decir eso, porque creen que si no enseñás caracteres, no estás enseñando “chino”. Pero nosotros nos animamos, porque entendemos que es un sistema lingüístico totalmente diferente al español. Y mucha gente no tiene ni idea de lo que está enfrentando cuando empieza.

¿Ustedes sienten que cuando la gente aprende el idioma empieza a cambiar su percepción de China? 

Van perdiendo el miedo. Porque el miedo construye un muro de creencias: que el chino es difícil, que China es imposible, que aprender chino es inalcanzable.

Cuando empiezan a derribar ese muro lo primero que logran es confianza. Ya saben cómo es: no hay conjugación verbal. Y cuando más caracteres sabés, más podés jugar y construir con el idioma. 

En clase los profesores también les dicen no todo color rosa, pero tampoco es todo malo como dicen los diarios. Muchos te dicen “China es un país autoritario”, pero habría que ver qué significa eso. ¿Qué es realmente la libertad?

No hay una sola forma de ver la libertad, no existe. Parece mentira, pero en China me siento más libre. La gente que ha viajado a China vuelve y dice: “yo me sentí muy tranquilo allá”. 

Por eso, sí, pienso que algunos que son un poco más despiertos, empiezan a cuestionar muchas de las ideologías o discursos que nos meten en la cabeza.

¿Cómo es hoy el trabajo de traductores e intérpretes de chino en Argentina?

Es difícil formar a un buen intérprete. Salvo con la experiencia, no hay otra forma. 

Hay muchas cuestiones técnicas. A veces el empresario da por sentado que el otro entiende cosas que no son obvias. Y ahí el intérprete debe tener claridad, pero también herramientas.

Yo interpreto no solamente las palabras, sino también las relaciones, los vínculos, los objetivos. Eso varía mucho de la habilidad, pero sobre todo requiere empatía.

¿La tecnología puede reemplazar al intérprete?

La tecnología, especialmente la IA, es un tema muy discutido. Algunos dicen que nos va a reemplazar y otros dicen que nos ayuda. 

En muchos casos lo hace muy bien. Especialmente en áreas técnicas muy específicas, donde los humanos no podemos saber toda la terminología. 

Pero en la parte blanda… los humanos somos mejores para interpretar la situación y llegar hacia los objetivos. 

Una historia de migración e impulso

Llegó desde Taiwán siendo una adolescente con miedo. Hoy lidera una institución cultural clave en Argentina. Ana Kuo repasa con emoción los desafíos que superó creciendo entre dos mundos y el rol que ocupa como mujer en la colectividad china. 

Ana Kuo en Vive Asia con Embajadores y referentes de las colectividades asiáticas

Si pudieras hablar con la Ana de 13 años que llegaba a Buenos Aires, ¿qué le dirías?

Uff… Le diría que afloje, que estudie, que este país es maravilloso. Y también le diría que, como mujer, va a ser valorada en este país. Que se quede tranquila, que va a poder solucionar muchísimos inconvenientes de toda su vida.  

¿Qué experiencias difíciles te marcaron y después se transformaron en algo positivo?

Al comienzo la inocencia me ayudó. Formé la asociación sin saber que, años después, muchas personas chinas me iban a decir: “Pero ¿cómo formaste la asociación si no sos una millonaria?

Porque para muchos en la comunidad china, uno empieza a tener derecho a liderar cuando tiene cierto poder económico. Y si además sos mujer, se complica más. Las mujeres suelen estar atrás, no significa con menos poder, pero sí en otro rol. Es algo que está cambiando, pero muy de a poco.

¿Tenés algún sueño pendiente con respecto a la relación de China y Argentina? 

Me gustaría que los argentinos aprendamos un poco más de China… y que los chinos también aprendan un poco más de Argentina. Tenemos un país maravilloso, con mucha libertad de pensamiento, con una actitud más relajada frente a los mandatos.

Pero justamente esa libertad me permitió valorar con más claridad los principios que me dio China: el respeto por el otro, el amor colectivo, la disciplina. Son valores más severos, sí, pero me dieron sustento. Una base para moverme con libertad, sin dejarme arrastrar por discursos fáciles.


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