Breve historia de la inmigración coreana en la Argentina

jueves, 26 de febrero de 2015

Un recorrido por la historia de la inmigración coreana en Argentina, desde 1965 hasta la formación del barrio coreano de Flores.

Aunque las relaciones diplomáticas entre Argentina y Corea del Sur se establecieron en 1962, las primeras familias coreanas llegaron al país recién en octubre de 1965. Hoy, esa comunidad tiene su epicentro en el sur del barrio porteño de Flores, conocido popularmente como «barrio coreano» o baek-ku.

Existen registros de la presencia de algunos coreanos en Argentina ya en 1940, cuando Corea era una colonia japonesa. Sin embargo, los primeros inmigrantes coreanos reconocidos en el país fueron doce prisioneros norcoreanos de la Guerra de Corea que se negaron a la repatriación ofrecida en los términos del Acuerdo de Armisticio de Corea y eligieron empezar una nueva vida en otro continente. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados los reubicó en Argentina en 1956 y 1957.

Primeros coreanos en Argentina

Los surcoreanos llegaron por primera vez al país en la década de 1960, en el marco de un acuerdo intergubernamental entre ambos gobiernos.

Los primeros arribaron en 1962 como re-migrantes de comunidades coreanas radicadas en Paraguay y Chile, pero la fecha que suele identificarse como el inicio de la migración coreana a la Argentina es el 14 de octubre de 1965, cuando un grupo de trece familias de Busan llegó por barco a Buenos Aires con destino a Choele Choel, en la provincia de Río Negro.

Entre 1970 y 1978 llegaron otras 500 familias, unas 2.800 personas, con la intención específica del gobierno argentino de que se instalaran en zonas rurales menos desarrolladas del país. Se suponía que los nuevos inmigrantes tenían experiencia agrícola, aunque pocos la tenían realmente, y la falta de infraestructura económica y de oportunidades laborales en esas regiones los llevó a reinstalarse en centros urbanos.

La inmigración masiva

La afluencia más grande y notoria de inmigrantes coreanos en Argentina comenzó en la década de 1980. Entre 1965 y 1985, el número total de migrantes había llegado apenas a unos 6.000, pero creció con fuerza a partir de entonces.

Para ese momento, Corea del Sur ya era un país moderno e industrializado, aunque una fuerte recesión funcionó como factor de expulsión hacia el exterior; ese mismo año, la firma del Acta de Procedimiento entre los gobiernos de Argentina y Corea del Sur favoreció esa migración.

Obtener la residencia no era barato: los empresarios que buscaban instalarse en el país debían invertir 100.000 dólares. La población coreana en Argentina llegó a un máximo de unas 50.000 personas en 1996.

Hacia fines de los noventa, la migración prácticamente se detuvo y el tamaño de la comunidad empezó a reducirse. Hubo casos de reagrupación familiar y algunas deportaciones, pero la principal causa de esa disminución fue la re-emigración, sobre todo hacia Canadá y Estados Unidos, donde el destino más elegido fue Miami.

Gracias a sus habilidades multilingües y su experiencia en los negocios, a los coreanos generalmente les fue mejor en el mercado laboral que a otros emigrantes argentinos.

Dónde se asentaron

La mayoría de los coreanos que llegaron al país se instalaron en el sur del barrio de Flores, en lo que hoy se conoce como «barrio coreano» o baek-ku.

Desde 1989, las cuadras finales de la avenida Carabobo llevan el nombre de calle Corea, en reconocimiento al barrio que empezó a formarse en la década de 1960 con la llegada de los primeros migrantes. Sobre esa avenida central conviven panaderías con productos típicos, casas de moda, vidrierías, talleres mecánicos y supermercados, muchos de los cuales, hasta hace pocos años, tenían sus carteles solo en hangeul.

Por motivos comerciales, la comunidad también se instaló en el barrio de Once y, del otro lado de la avenida Rivadavia, sobre la avenida Avellaneda.

Carolina Mera, autora del libro «La inmigración coreana en Buenos Aires» (1998), explica que «la movilidad social representada en el desplazamiento geográfico está íntimamente ligada al crecimiento económico y especialmente a la apertura de nuevos locales comerciales; mientras que el barrio originalmente de residencia se vuelve cada vez más de consumo étnico«.

A fines de los años noventa, la crisis económica que golpeó a pequeños y medianos comerciantes provocó el cierre de muchos negocios de propietarios coreanos. A partir de la crisis de 2001, quienes tenían locales tanto en Once como en Avellaneda privilegiaron este último, lo que redujo la cantidad de comercios coreanos en Once y consolidó a Avellaneda como polo comercial de la comunidad.

Baek-ku, el barrio coreano en Argentina

A unas 15 cuadras de la avenida Rivadavia, Carabobo cambia su nombre a Corea, señal de que empieza el centro del barrio coreano de la ciudad.

Coreatown, Pequeña Corea, Little Corea o baek-ku son distintas formas de nombrar a este barrio, habitado por sectores medios y populares, que se extiende desde la avenida Eva Perón hasta Castañares, con una fuerte concentración sobre la avenida Carabobo y la calle Corea.

Hasta fines de los noventa, muchos carteles de sus comercios —peluquerías, panaderías, farmacias, inmobiliarias, casas de computación y de regalos— estaban solo en coreano, incluso con los precios en ese idioma, dirigidos específicamente al consumo étnico-comunitario.

Vida institucional

La comunidad coreana en la ciudad tiene una fuerte tendencia a organizarse en instituciones, algo que se acentuó por su concentración territorial en el sur de Flores.

Actualmente, la colectividad coreana cuenta en Argentina con 40 iglesias evangélicas, una católica y dos templos budistas. A menos de un año de la llegada de la primera oleada de migrantes registrada en el país, en marzo de 1966 se fundó la Iglesia Evangélica Presbiteriana Coreana (Han In), y cuatro años después se fundó la Iglesia Católica Coreana.

En esa primera etapa, las iglesias contribuyeron a armar la comunidad y funcionaron como fuente de información, contención emocional, mediación entre culturas y centro de sociabilidad.

La educación de la historia, el idioma y la cultura coreanas también empezó a través de los lugares de culto, aunque hoy ese rol lo cumple en gran parte la escuela bilingüe coreano-español.

Instituciones de la comunidad

Las dificultades de enfrentar una cultura diferente todos los días motivaron la creación de la Asociación Coreana Argentina, fundada en 1966, dedicada a gestionar vivienda, salud, documentación y otros obstáculos de la vida cotidiana de quienes recién llegaban al país.

El Instituto Coreano Argentino (ICA) pasó de ser una «escuela de sábados» dedicada a la enseñanza de la lengua y la cultura coreana a convertirse en una escuela primaria trilingüe (castellano, coreano e inglés), incorporada al plan de estudios oficial, que además ofrece actividades extracurriculares como cursos abiertos de idioma coreano.

La Cámara de Empresarios Coreanos en la Argentina (CAEMCA) agrupa a pequeños y medianos empresarios de la colectividad, y nuclea alrededor de 850 locales en el país, concentrados principalmente en la avenida Avellaneda, en el barrio de Flores, y dedicados sobre todo a la industria textil.

El Centro Cultural Coreano, abierto en noviembre de 2006, se convirtió en el epicentro de la cultura coreana en Buenos Aires, con actividades artísticas y eventos dedicados a difundir la historia, el idioma, la gastronomía y las costumbres de Corea.

2015, aniversario por los 50 años de la inmigración coreana en Argentina

En 2015, la colectividad coreana celebró los 50 años de la inmigración coreana en Argentina, con distintos días festivos, entre ellos un Día de Corea 2015 organizado por la Asociación Coreana en la Argentina.

Fuentes: buenosaires.gob.ar vía Día de Corea 2015 | Fotos La Nación, Asociación Coreana en la Argentina

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