TinTin Tea World: «El té es una cultura viva y hay infinitas puertas por donde entrar»

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Especialista en té y descendiente de una familia china dedicada históricamente al cultivo, Caro TinTin conversó con XIAHPOP sobre cómo el té chino aparece retratado en dramas y películas, los mitos que rodean a su ceremonia y el vínculo personal que la llevó a convertirlo en su oficio a través de TinTin Tea World, su proyecto de talleres y selección de hebras de origen en Latinoamérica.

Desde tu mirada de especialista, ¿qué tan bien representada está la ceremonia tradicional en las producciones chinas?

Depende mucho de la producción y de la época que represente. Algo que me encanta de las producciones chinas es que no siempre estamos viendo una ceremonia tradicional, sino algo quizás todavía más interesante: el lugar que ocupa el té en la vida cotidiana sea la época que represente.

Se recibe a alguien con té, se generan conversaciones con té, negociaciones con té, se comparte en familia con té. En los dramas de época también cambia la forma de prepararlo según el periodo histórico que representa. Y en producciones actuales, como Meet Yourself, podemos ver desde momentos introspectivos alrededor de la preparación del té hasta algo tan simple como amigos reunidos sentados alrededor de una mesa tomando té mientras conversan y comparten ideas.

Plano cercano de un gaiwan y un teapet mascota de té

¿Cómo describirías la diferencia entre simplemente «tomar una taza de té» y vivir la experiencia de la ceremonia del té?

Desde mi perspectiva ninguna forma es mejor que la otra. El té puede acompañarte mientras trabajas, mientras charlas con alguien o simplemente porque tenés ganas de tomar algo rico, y eso es también la parte de disfrutarlo.

Pero cuando decidimos detenernos y poner toda nuestra atención en preparar y tomar ese té, aparece otra dimensión. Observamos las hojas, percibimos los aromas, sentimos la temperatura, vemos cómo cambia entre una infusión y otra. Y también podemos pensar en todo lo que tuvo que suceder para que esas hojas llegaran hasta nuestras manos: alguien las cultivó, las cosechó y las elaboró hasta convertirse en el té que hoy podemos disfrutar.

Entonces para mí la gran diferencia está en la atención. “Cuando tomo té, estoy tomando té” me enseñaron. Y en un montón de hacemos varias cosas al mismo tiempo, en un mundo que se mueve con urgencia, quizás uno de los nuevos lujos sea justamente esto: permitirnos de ternos un rato, observar y agradecer que estamos acá para vivirlo.

¿Podrías contarnos cuál es tu objeto favorito del ritual del té y por qué no puede faltar?

Es difícil elegir uno pero si hoy tuviera que elegir quedarme con uno, sería el gaiwan (盖碗) qué es un pequeño bowl con tapa y plato que utilizamos para preparar té y que además tradicionalmente representa los llamados “Tres Talentos»: la tapa simboliza el cielo, el cuenco o a la persona y el plato la tierra.

Me encanta porque es sencillo y bastante versátil: te permiten observar cómo se abren las hojas de té, percibir su aroma, controlar la infusión incluso beber directamente de él. Y además a mí me pasa algo muy divertido: muchas veces cuando llevo mi gaiwan a algún lado me preguntan por qué estoy llevando una azucarera jaja. Eso siempre me abre una puerta para romper el hielo para decir: “¡no es una azucarera, preparo mi té acá!” Y empezar a compartir un poquito de este universo que me fascina con los demás.

Tintin con gaiwan en mano

¿Cuál es el mito más común sobre el té chino?

Algo que escucho bastante entre las personas que vienen a mis encuentros es la idea de qué el té chino «se prepara así», como si existiera una única ceremonia y un protocolo correcto para toda la cultura China del té. Y en realidad, una de las cosas más fascinantes de su cultura del té y justamente su diversidad ya que es inmensa, y distintas regiones fueron desarrollando sus propias costumbres y maneras de preparar y compartir el té, muchas veces en relación con los tés que allí se producen o al que tenían acceso.

No es lo mismo acercarnos a un Longjing de Hangzhou que el tradicional estilo de Gong Fu Cha de Chaozhou, en Guangdong, por ejemplo. Ninguna es “más china” o más verdadera que la otra. Son distintas expresiones de una cultura del té que está viva. Por eso tengo el placer de transmitir que conocer la tradición no significa mememorizar un protocolo rígido, sino también entender de dónde viene esa forma de preparar té, quiénes la practican y en qué contexto.

Tintin en universidad examinando tés chinos

¿Qué variedad de té recomendarías y cómo debería prepararla?

Antes de recomendar un té me gusta preguntarle a la persona: “¿Qué sabores te gustan?”, porque no todos tenemos que empezar por el mismo lugar. Pero si tuviera que elegir uno para sorprender a alguien que recién empieza, sería un wulong Mi Lan Xiang (蜜兰香) de las montañas de Phoenix, en Guangdong. Es increíblemente aromático, con notas florales y frutales y una dulzura que puede recordar a la miel.

Para prepararlo de forma simple, con una taza o una tetera alcanza, no es necesario tener todos los utensilios para empezar. Podés probar con unos 3 g cada 200 ml, agua a 90–95 °C y 2–3 minutos, y después jugar y ajustarlo a tu gusto. También podés explorarlo con infusiones más cortas, pero eso se los puedo contar con más detalle en otra ocasión, jaja. El té también se aprende probando. No existe la policía del té… o al menos no puedo confirmar ni negar su existencia, jaja.

¿Hay algún recuerdo en particular de tu vida que haya marcado el instante en que dijiste «el té es mi camino»?

En mi caso, no hubo un momento cinematográfico en el que dije: “el té es mi camino”… creo que, de alguna manera, el té siempre estuvo ahí y y fui yo quien tardó un poco en darse cuenta.

Hubo un momento de mi vida en el que tuve que frenar, escucharme y empezar a mirar hacia adentro. Y justo en ese proceso hice un curso de introducción al mundo del té y descubrí algo que hoy me causa mucha gracia: ¡yo pensaba que el té era inglés! jaja. Cuando aprendí que su cuna estaba en China pensé: “¿Pero cómo puede ser que yo sea la única descendiente de chinos en este curso y no supiera esto?”. Y ahí se abrió una puerta enorme.

Empecé a profundizar cada vez más en el té, incluso viajando a los lugares donde se produce y, al mismo tiempo, a conversar mucho más con mamá sobre nuestra propia historia familiar. Así descubrí que mis abuelos maternos habían trabajado elaborando té wulong antes de que la familia se dedicara al cultivo de naranjas. Ahí muchas piezas que estaban dispersas empezaron a encajar.

El té terminó siendo una manera de acercarme a mi herencia cultural, conocer partes de mi propia historia que yo misma desconocía y, hoy, poder compartirlas desde este lado del mundo, desde Latinoamérica. Así que quizás yo no elegí un día el té como mi camino: primero tuve que frenar lo suficiente para darme cuenta de que el té llevaba mucho tiempo caminando conmigo.

Tintin cosechando té en Hangzhou

¿Qué representa internamente el momento en que te sentás a servir té?

No siempre preparo té buscando “paz” o introspección. A veces estoy catando, estudiando o trabajando y mi cabeza está completamente activa. Otras veces simplemente tomo té porque me gusta. Y yo tampoco soy inmune a la urgencia con la que vivimos. Detenerme y dedicarme tiempo es algo que todavía estoy aprendiendo.

Pero cuando logro sentarme a preparar té solamente para mí, por un rato mi mundo se vuelve más pequeño. Escucho el agua mientras se calienta, abro una lata y aparece el aroma de las hojas, observo sus formas, elijo la vajilla que quiero usar… hasta empiezo a percibir mi respiración o los latidos de mi propio corazón. Casi sin buscarlo, se vuelve una especie de meditación, un refugio.

Y hay algo muy simple pero importante en ese gesto: dedicarme a mí misma el mismo cuidado y atención que tantas veces ponemos en lo que hacemos para los demás. No siempre lo logro, y quizás por eso lo valoro tanto cuando sucede. No creo que el té sea una solución mágica para frenar el mundo, pero sí puede crear un pequeño espacio dentro de él. Y a veces con eso alcanza.

En TinTin Tea World compartís esta pasión a través de talleres y selección de hebras de origen. ¿Qué se encuentra la gente cuando va a vivir una experiencia presencial con vos?

En mis encuentros no me interesa que la gente venga solamente a escucharme hablar de té. Quiero que pruebe, huela, compare, pregunte y, sobre todo, que se permita tener curiosidad. No hay que decir algo “inteligente” ni encontrar la nota aromática correcta. Para mí no se trata de rendir examen.

Me encanta mostrar que el té es muchísimo más amplio y versátil de lo que imaginamos. Podemos explorar formas antiguas de preparación, como la decocción o el té molido, descubrir que históricamente el té no solamente se bebió, ¡también se comió!, o entender cómo una misma hoja puede contarnos sobre un lugar, una época y las personas que la produjeron. El té es una cultura viva y hay infinitas puertas por donde entrar.

Y creo que mi lugar está un poquito ahí. En tomar algo que al principio puede parecer lejano, complejo o demasiado solemne y decir: “Vení, dejame contártelo”. Abrir un espacio donde podamos preguntar, compartir y descubrir sin sentir que hay que saber de antemano.

Para mí el té también puede ser una forma de tender puentes entre culturas en lugar de levantar muros. Si alguien se va de un encuentro conmigo con ganas de conocer otro té, acercarse un poquito más a la cultura china o compartir con otra persona algo que descubrió ese día, para mí ya pasó algo hermoso. Y ojalá esa curiosidad también nos lleve a querer conocer otras culturas de la misma manera.

Tintin con su grupo de viaje boutique a ruta del té China HANGZHOU

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