Pies de loto: la historia del vendaje de pies en la China imperial

El vendaje de pies fue una práctica que marcó la vida de millones de mujeres en China durante casi mil años, desde sus orígenes en el siglo X hasta su prohibición definitiva en el siglo XX.
“Una cara bonita es un regalo del cielo, un par de pies bonitos, es trabajo mío”
Proverbio chino
Según la leyenda, la costumbre nació cuando el emperador Li Yu ordenó a su concubina favorita vendarse los pies con cintas de seda para bailar sobre una plataforma tallada con forma de flor de loto.
Los registros históricos ubican el origen real de la práctica en el reino Tang del sur, en la región de Nanking, una zona reconocida en esa época por sus bailarinas de pies pequeños.
Un símbolo de estatus social
El vendaje de pies comenzó como una práctica de la élite en las regiones más ricas de China, ya que demostraba que las hijas de familias acomodadas no debían realizar trabajo rural. Esa condición influía también en las expectativas matrimoniales: se esperaba que los futuros esposos fueran hombres con recursos suficientes para que sus mujeres no trabajaran y se dedicaran solo a las tareas del hogar. Para las familias de clases más humildes, que una hija tuviera los pies vendados podía significar la posibilidad de un matrimonio ventajoso. Se estima que hacia el siglo XIX, la mitad de las mujeres chinas tenía los pies vendados, una proporción que llegaba al 100% entre las mujeres de clase alta.

El largo considerado ideal para estos pies era de apenas 7 centímetros, y tanto las mujeres como sus esposos mostraban orgullo por esta característica. Para cubrirlos se usaban zapatillas de seda, y la forma de caminar que generaba el vendaje (un balanceo constante para mantener el equilibrio) se consideraba un gesto atractivo dentro de esa cultura.
La práctica no fue uniforme en todo el territorio chino: variaba en intensidad según la región. Un caso particular fue el de las mujeres manchúes, a quienes un edicto imperial de la dinastía Qing les prohibió el vendaje de pies en 1644. Ante la popularidad de la costumbre, terminaron desarrollando un calzado propio, conocido como «cesta de flores», que generaba un modo de caminar similar al de los pies vendados. Esa diferencia terminó marcando una distinción visible entre las mujeres manchúes y las de etnia han.
Cómo se realizaba el vendaje
El proceso comenzaba cuando las niñas eran muy pequeñas, en un momento que se determinaba mediante consulta a una astróloga y que se acompañaba con una ofrenda de pasteles de arroz a los dioses.

La madre lavaba los pies de la niña con agua y hierbas, le cortaba las uñas y realizaba un masaje que provocaba la fractura de los dedos más pequeños del pie.
Luego se vendaban los pies con seda o algodón empapados en líquido, de forma tal que los dedos quedaran apretados contra el talón y solo este y el dedo gordo tocaran el suelo.
El proceso causaba un dolor intenso hasta que el nervio dejaba de responder, aunque solían quedar secuelas como infecciones, molestias crónicas e incluso parálisis o atrofia muscular en algunos casos.

El fin de la práctica
El primer movimiento organizado contra el vendaje de pies surgió en 1874, cuando 60 mujeres cristianas de Xiamen se manifestaron en contra de la costumbre. Ese reclamo fue impulsado más tarde por el Movimiento Femenino de la Templanza Cristiana, en 1883, con el respaldo del misionero Timothy Richard, quien planteaba que el cristianismo podía promover la equidad entre los sexos.
El contacto creciente con Occidente también llevó a sectores de la sociedad china a considerar que esta práctica no encajaba con la idea de progreso del mundo moderno, mientras que el incipiente movimiento feminista la cuestionaba por el sufrimiento que causaba a las mujeres.
Durante la Rebelión de los Bóxers, la emperatriz Cixi llegó a emitir un edicto que prohibía el vendaje de pies, aunque fue revocado poco después.
La práctica se declaró ilegal en 1902 y, finalmente, el gobierno nacionalista de la República de China la prohibió de forma definitiva en 1912.
En Taiwán, la administración japonesa vedó la costumbre en 1915, y el gobierno comunista chino mantuvo la prohibición a partir de 1949, logrando que se cumpliera incluso en las zonas rurales más alejadas que hasta entonces no habían acatado la legislación nacionalista. La prohibición continúa vigente en la actualidad.
Recomendación audiovisual
Para conocer más sobre esta práctica, existe la película basada en el libro de Lisa See «Snow Flower and the Secret Fan» (en español, «Flor de Nieve y el Abanico Secreto»), protagonizada por Li Bing Bing y Jeon Ji Hyun.

La historia sigue a Lirio Blanco y Flor de Nieve, dos niñas de siete años que en la China del siglo XIX se convierten en laotong (almas gemelas unidas para toda la vida) y que, pese a estar separadas por sus familias, se comunican en secreto a través de un lenguaje escrito llamado nu shu, plasmado en los pliegues de un abanico de seda blanca.
Me abstuve de subir las imágenes de los pies de loto porque no quiero herir la sensibilidad de ninguno. Por supuesto si quedaron curiosos por saber más de la historia pueden googlear “pies de loto” o “pies vendados”.
Fotos: «Los pies de la mujer china» , «La milenaria pies de loto», «Vendado de pies» | .Redacción: Fei