Los videojuegos, los cómics, el fútbol. Mundillos que siempre hemos escuchado sólo aceptan hombres, y cuyos destinatarios exclusivos y preferidos son ellos. ¿Qué sucede entonces con el manga?

Cuando pensamos en el mundo de las historietas occidentales, surgen nombres icónicos como Alan Moore, Frank Miller, Stan Lee, y en Latinoamérica, Fontanarrosa, Quino y Pepo. Todos nombres masculinos. Sin buscar desmerecer su aporte al género ni el talento que cada uno de estos autores posee, es inevitable preguntarnos: ¿dónde están las mujeres?

Ellas dicen presente en el manga. Puede sorprender (de buena manera) a más de uno, pero existe una gran cantidad de mangakas mujeres, y sus obras han tenido gran éxito mundial. 

Sin embargo, antes de ser consideradas autoras y dibujantes de prestigio, las mangakas debieron luchar con los prejuicios de su sociedad, algunos de los cuales continúan hasta hoy. 

Las mujeres que transformaron un género 

La primera mitad del siglo XX dio a luz al género del manga, de la mano de mangakas hombres, y particularmente de Osamu Tezuka, considerado el padre del cómic japonés moderno. Incluso dentro del shōjo, espacio que hoy es asociado a lo femenino, la cantidad de autoras era ínfima.

Las mujeres no participaban de la vida social desde la década de 1930. La filosofía confucionista se había asentado y difundido por Japón, lo que provocó que la mujer fuera expulsada del mercado laboral y, por ende, de la literatura.La primera mujer que tuvo influencia en la creación de un manga, tenía 14 años y se llamaba Machiko Hasegawa. Ella participó en la creación de Norakuro, como ayudante de Suihô Tagawa. En 1946 pudo publicar enel periódico Asahi su tira cómica, la cual giraba alrededor de Sazae-san, una ama de casa y madre de familia.

Machiko Hasegawa, la primera mangaka

Pero Machiko fue una enorme excepción. Recién en la década del ’60 las mujeres mangakas realmente fueron tenidas en cuenta. 

En 1964, Machiko Satonaka ganó el concurso de talentos de la editorial Kodansha a los dieciséis años, y publicó el primer manga escrito en su totalidad por una mujer, Pia no shouzou (“El retrato de Pia”), un relato corto sobre vampiros.

Machiko Satonaka, autora de Pia no shouzou

La obra revolucionaria del momento fue Fire (1969), escrito por Hideko Mizuno, un shōjo protagonizado por un chico, que exploraba las relaciones humanas a mayor profundidad, y rompía por primera vez el tabú de mostrar escenas de sexo heterosexual.

Hideko también flexibilizó la estructura rígida de las viñetas, dibujando detalles y escribiendo por fuera de los límites. 

Hideko Mizuno, autora de Fire!

Durante la década del ’70, surgió un grupo de autoras llamado 24nen-gumi, conocidas como “las magníficas del 24”. Ellas expandieron los horizontes para las mujeres, ya que sus obras no se limitaban solamente al shōjo tradicional: escribían sobre ciencia ficción, terror, fantasía y también shōnen.

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Estas mangakas fueron pioneras en abordar temas psicológicos y sociales, como el rol de las mujeres, la identidad, el género, la homosexualidad. Ejemplos de esto son la obra de Môto Hagio, Thomas no shinzô (“El corazón de Thomas”), cuyos protagonistas son dos chicos que viven una historia de amor, y la de Keiko Takemiya, Kaze to ki no uta (“La balada del viento y los árboles”), donde la protagonista cuestiona su rol como mujer en la sociedad.

Môto Hagio y Keiko Takemiya

La mayor representante de “las magníficas del 24”, es Riyoko Ikeda, y su obra Berusaiyu no Bara (“La Rosa de Versalles”). Este manga histórico ambientado en la Revolución Francesa, es el mejor resumen de los aportes de este grupo de mujeres.

Riyoko Ikeda, una de las referentes de “las magníficas del 24”

Los personajes tienen un notorio desarrollo y una naturaleza humana más real y compleja. Con la aparición de lady Oscar, una mujer de Japón criada como hombre que, fingiendo ser uno por toda su vida, llega a convertirse en el capitán de la Guardia Real francesa, Riyoko se permite reflexionar sobre género y sexualidad.

Página del manga Berusaiyu no Bara

Las viñetas prácticamente desaparecen, se presta mayor cuidado a la gestualidad de los protagonistas, y se agregan elementos como onomatopeyas y símbolos para generar aún más expresividad.

En los 80 y 90, la restricción laboral para las mujeres terminó de desaparecer y las mujeres invadieron la industria del manga. Incluso, muchas autoras lograron atraer público masculino, sobre todo con el subgénero shōjo magical girl, dónde se destacan Sailor Moon, de Naoko Takeuchi o Sakura Cardcaptor del reconocido grupo de autoras CLAMP.

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Naoko Takeuchi y el grupo CLAMP

Aunque son seudónimos en algunos casos, las mangakas también presentaron al mundo sus obras shōnen, las cuales se convirtieron en éxitos mundiales y clásicos indispensables del género.

Ejemplos de esto son la prolifera mangaka Rumiko Takahashi (Ranma ½, Inu-Yasha), considerada la reina del manga, Hiromu Arakawa (Fullmetal Alchemist) y Kazue Kato (Blue Exorcist).

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Rumiko Takahashi, Hiromu Arakawa y Kazue Kato

José Andrés Santiago sostiene en su libro Manga: del cuadro flotante a la viñeta japonesa: “hoy no existe ningún mercado occidental que rivalice con el nipón en volumen de ventas a mujeres. Lo mismo sucede en lo tocante al número de ilustradoras y guionistas del sexo femenino”. Para las mujeres japonesas, el manga se convirtió en un espacio de expresión y conexión entre ellas y con lo que ha significado ser mujer a lo largo de la historia, ya sea como autoras o como lectoras. 

Sigamos celebrando entonces, el talento que viene en todas las formas y en todos los tamaños. Y vos, ¿cuántas mangakas mujeres tienes en tu biblioteca?

Fuentes: NEHU , DART TV, La construcción del shojo manga, In the Name of the Moon: Female Mangaka and the Manga Industry, Manga: del cuadro flotante a la viñeta japonesa.| Redacción: Carla Bastien | © 2020 Todos los derechos reservados a Xiahpop®.